LA VIDA PRIVADA DE FELIPE II - 2 .

Por IGNACIOAL - 9 de Agosto, 2010, 9:53, Categoría: General

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FELIPE II E ISABEL DE VALOIS .

Abandonada por su querido marido, la depresión empezó a afectar a la reina María que contrajo una epidemia de gripe en la primavera de 1558, siendo obligada a guardar cama en el mes de agosto. Su salud fue declinando hasta que falleció sin dejar sucesión en la madrugada del 17 de noviembre de 1558. Felipe quedaba por segunda vez viudo, aprovechando la coyuntura los ingleses para acusar a España de haber recibido grandes sumas de dinero que habían dejado maltrecha la economía inglesa a la vez que acusaban al rey Felipe de haber matado de pena a su reina. Isabel I ocupaba el trono vacante. La diplomacia hispana veía con buenos ojos la repetición de una boda híspanobritánica pero un negativo informe llegó a la corte de Felipe: Isabel "tenia algo que la incapacitaba para el matrimonio"; al parecer sufría una malformación genital con carencia de reglas y aplasia vaginal. Felipe la rechazó y la Reina Virgen se afianzaba en el poder, logrando situar a Inglaterra en una posición internacional de primera magnitud mientras seguía una vida sexual de gran actividad.

Una francesa será la tercera esposa del monarca. Su nombre es Isabel de Valois y el matrimonio es nuevamente fruto de la razón de Estado, consiguiéndose la concordia entre los reinos de España y Francia tras la firma de la paz de Cateau-Cambresis ( 3 de abril de 1559) por lo que la joven reina recibiría el nombre popular de Isabel de la Paz. Isabel había nacido en Fontainebleau el 3 de abril de 1546; era la hija menor del rey Enrique II de Francia y Catalina de Medicis. La joven princesa había estado prometida al primogénito de Felipe, el príncipe don Carlos, pero este proyecto de matrimonio nunca se llevó a cabo ya que cambió de esposo. Los desposorios se celebraron por poderes el 22 de junio de 1559 en la catedral de Notre-Dame de París representando al novio don Fernando Álvarez de Toledo, el todopoderoso duque de Alba. En la corte francesa era costumbre encamar rápidamente a los nuevos esposos, pero al faltar Felipe tuvo que ser el duque quien tomara a la novia, simbólicamente por supuesto; así que en presencia de todos los invitados, hizo una reverencia y tomó simbólica posesión del real tálamo colocando sobre él una pierna y un brazo para luego retirarse.

Don Felipe esperó a la joven esposa - tenía 14 años - en Guadalajara, concretamente en el palacio del Infantado. El rey tenia 33 años y al detenerse la joven Isabel frente a él, éste preguntó a su esposa: ",Qué miráis? ¿Por ventura si tengo canas?". La misa de velaciones se celebró el 2 de febrero de 1560, encerrándose rápidamente los esposos en la cámara nupcial por lo que el obispo de Pamplona tuvo que bendecir el tálamo a través de la puerta, ya que no tuvo el suficiente tiempo. La reina Isabel era todavía una niña que jugaba a las muñecas y a la taba por lo que la consumación del matrimonio se tuvo que posponer un año, en contra de los deseos del rey.

En las cortes europeas era habitual dar publicidad a las primeras reglas de las jóvenes princesas, infantas o reinas, por lo que conocemos exactamente la fecha en la que Isabel cambió su ciclo hormonal: el 11 de agosto de 1561. Durante el último año había crecido bastante, destacando por su estatura y su constitución fuerte y vigorosa. Ahora Felipe puede iniciar sus relaciones con su esposa aunque al principio existen lógicos problemas en la pareja, como sabemos por las cartas que los embajadores franceses escriben a la madre de Isabel: "La constitución del Rey causa grandes dolores a la Reina que necesita mucho valor para evitarlo ...".

Durante la estancia de los reyes en Toledo, Isabel padeció fiebre y erupción, temiéndose que sufriese una eventual viruela. La madre de la joven reina sospechaba que el mal de la niña fuera el mal italiano o gálico, es decir, la temida sífilis, enfermedad que parece ser congénita en Felipe, lo que explicaría los continuos abortos de sus mujeres y las erupciones que solían sufrir, así como los frecuentes dolores de cabeza del monarca, su aspecto envejecido y desdentado, con los labios resquebrajados. Para el dolor de cabeza los médicos le recomendaron que llevase la cabeza rapada, costumbre que se generalizaría entre los cortesanos. La enfermedad de la reina fue confirmada como viruela; para evitar que dejase huellas en el bello rostro de la reina la embadurnaron con clara de huevo y leche de burra, entre otros muchos remedios, mientras los galenos franceses recomendaban sangre de paloma y nata para el cuidado de los ojos.

En 1561 la corte se instala definitivamente en Madrid; los reyes son felices y su vínculo matrimonial sólido a pesar de que duermen y comen separados según indica la rígida etiqueta borgoñona que se sigue en España. Estas costumbres dieron que pensar a los embajadores franceses pero Isabel se considera una de las mujeres más felices del mundo, anunciándose en mayo de 1564 su embarazo, posiblemente gracias a los higiénicos consejos y las recetas caseras para alcanzar el embarazo enviadas por su madre. El delicado estado de salud de Isabel preocupó constantemente a su esposo, evitando los médicos la fiebre con las socorridas sangrías que debilitaban aun más a la desdichada enferma. Un aborto de gemelos fue el fruto de este primer embarazo. Los galenos españoles dieron por perdida a su paciente pero la insistencia de un médico italiano que la purgó consiguió salvar la vida a Isabel. Parece que mientras ocurrían estos desgraciados sucesos, don Felipe continúa con sus escarceos amorosos, en este caso con doña Eufrasia de Guzmán, dama de la princesa Juana y princesa de Ascoli. Isabel tuvo conocimiento de la infidelidad, trayéndole a la memoria el matrimonio de sus padres bajo el influjo de Diana de Poitiers, la amante de Enrique. Sin embargo, Felipe hizo acto de contrición y resolvió mantenerse fiel a su esposa, considerándose que la amó profundamente; a Isabel, por supuesto.

El delicado estado de salud de la reina continúa y los médicos recomiendan baños, pero Isabel se opone debido al gran pudor que manifiesta a que alguien contemplara su desnudez, ni siquiera sus propias ayudantes de cámara.

La ansiada descendencia parece que fue resuelta por ayuda divina al traerse a Madrid los restos incorruptos de San Eugenio, mártir y primer arzobispo de Toledo, desde Saint Denis de París a Madrid. La reina imploró al santo la solución a su infertilidad y a finales de año estaba embarazada. Tan sencillo como eso. Ah, la fecha de este santo es el 18 de noviembre, por si alguien desea implorarlo. El 12 de agosto de 1566 nacía una niña, en el Palacio de Valsaín que recibía los nombres de Isabel Clara Eugenia - Isabel por su madre, Clara por el día que nació, y Eugenia en honor a San Eugenio que tanto había hecho por este alumbramiento -. La madre comentó al dar a luz: "Gracias a Dios e1 parir no es tan trabajoso como yo creía". Doña Catalina de Medicis había enviado a su hija un bebedizo que facilitaba el parto - ¿la epidural de la época?- suministrado a la parturienta por su propio esposo. El embajador francés cuenta que "Felipe se portó muy bien, como el mejor y más cariñoso marido que pudiera desear, puesto que en la noche del parto estuvo cogiéndole todo el tiempo la mano, y dándole valor lo mejor que podía y sabía". El bautizo tendría lugar el 25 de agosto y Felipe pretendía llevar a su hijita a la pila bautismal en sus brazos; temeroso de su escasa habilidad con los tiernas infantes, ordenó que construyeran un muñeco para hacer prácticas, llevándolo entre sus brazos de un lado a otro de la estancia. Consciente de su torpeza y ante el riesgo de un no deseado percance, delegó tan alta función en su hermano, don Juan de Austria. Isabel Clara Eugenia será, sin duda, la niña de los ojos de Felipe, sirviéndole durante su vejez como bastón físico y espiritual, participando con éxito en los asuntos del gobierno. Su padre apostó por ella como reina de Francia pero, tras el fallido propósito, se casó con el archiduque Alberto recibiendo en herencia el gobierno y la propiedad de los Países Bajos.

El 6 de octubre de 1567 nace una nueva niña llamada Catalina Micaela - Catalina en recuerdo de su abuela materna y Micaela por haber venido al mundo en la octava de San Miguel - . Durante 22 meses tuvo la misma ama de cría llamada doña María de Messa, recibiendo en concepto de sus servicios la nada despreciable suma de 100.000 maravedíes al año de por vida. Durante el puerperio la reina sufrió un nuevo acceso febril que los médicos atribuyeron a la subida de la leche, por lo que aplicaron jugo de perejil sobre los pezones de Isabel como ayuda. La infanta Catalina Micaela contraerá matrimonio con el duque de Saboya dando a Felipe los únicos nietos de los que tendrá noticia, ya que nunca tendrá la oportunidad de conocerlos. Por la correspondencia nos demostrará el cariño profesado a esta infanta, sintiendo profundamente su marcha a Italia, víctima como todas las mujeres de la razón de Estado. En la crianza de Isabel y Catalina, Felipe tomó un activo papel, permitiéndoles incluso trabajar en sus asuntos de oficina.

En mayo de 1568 se sospecha que Isabel vuelva a estar embarazada. Su estado de salud es bastante complicado, presentando desvanecimientos, sensación de ahogo, vértigos, fiebre, mal color y entorpecimiento de manos y brazo izquierdo. Para evitar el aborto y conducir adecuadamente el embarazo se le dieron toda clase de hierbas y se la rodeó de toda clase de amuletos; sin embargo, su estado de salud se fue agravando y el 3 de octubre la reina expulsó espontáneamente un feto hembra de cinco meses, que vivió lo suficiente para aplicarle el agua de socorro, falleciendo a los pocos minutos. Isabel de Valois perdía la vida poco después, el mismo 3 de octubre de 1568, cuando aun no había cumplido los 23 años de edad. Según los enemigos de Felipe su muerte fue consecuencia de los presuntos amores entre Isabel y el príncipe don Carlos, que había fallecido tres meses antes. Los restos de la joven reina fueron amortajados con hábito franciscano e inhumados en el monasterio de las Descalzas Reales para ser trasladado en 1572 a El Escorial donde hoy yacen, concretamente en el Panteón de Infantes.

De nuevo tenemos a Felipe viudo, sin contar con descendencia masculina y con dos niñas pequeñas por lo que se plantea un nuevo matrimonio. Pronto aparecen dos candidatas: la princesa Margarita de Valois, la famosa reina Margot, y la archiduquesa Anna de Austria. Don Felipe responde a su primo hermano Maximiliano que "si se atuviera a su satisfacción personal seguiría como estaba; pero teniendo tan poco herederos y ningún varón se alegraba por el bien de su reino del ofrecimiento que se le hacía - el matrimonio con Anna -, y vería el modo de arreglarlo con Francia - el rechazar a Margot ". En efecto, Anna fue la elegida debido a cuestiones de índole político ya que una alianza matrimonial con el Emperador es una garantía de paz para Flandes y las posesiones italianas, sin menospreciar que la madre de la elegida había tenido catorce hijos lo que vendría a asegurar la descendencia.

Anna de Austria había nacido en el pueblo vallisoletano de Cigales el día 1 de noviembre de 1549 ya que su madre era la infanta María, hermana menor de Felipe, mujer muy vinculada con España; su padre era el Emperador Maximiliano II, primo hermano de su mujer y del rey español. De esta manera los lazos de consanguinidad se estrechan en la familia Habsburgo, lo que en la época era motivo de orgullo y creencia de obtener una raza más fuerte. No en balde el papa Pío V fue un poco reacio a otorgar la dispensa pontificia necesaria para este matrimonio, aduciendo problemas de conciencia que serían más bien de carácter político. Una vez obtenida, se firmaron las capitulaciones en Madrid el 24 de enero de 1570. El novio tenía 42 años y la futura esposa 21.

La boda se realizó por poderes en el castillo de Praga, ciudad donde residían los emperadores, el 4 de mayo de 1570. La entrega de la novia se realizará en tierras flamencas al ser el viaje menos costoso para las arcas alemanas. El duque de Alba recibió a la comitiva en Nimega, llegando a las costas cántabras el 3 de octubre de 1570. La reina venía acompañada de sus hermanos los archiduques Wenceslao y Alberto, quienes venían a Castilla a formarse como habían hecho sus hermanos mayores. La misa de velaciones se celebró en la capilla del Alcázar de Segovia el 14 de noviembre, transcurriendo la luna de miel en el palacio de Valsaín. El cronista cuenta que "a la mañana siguiente el Rey y la Reina fueron vistos alegres y contentos y salieron a oír misa en la iglesia pública". Doce días después Anna hace su entrada pública en Madrid, dirigiéndose al Alcázar para conocer a las hijas de su esposo. Las damas de la corte habían dicho a las pequeñas que su madre regresaba del cielo; cuando la infanta Isabel contempló a la nueva reina se echó a llorar diciendo: "Esta no es mi madre, que tiene el pelo rubio". La niña, de cuatro años de edad, recordaba los cabellos oscuros de su madre por lo que no se creyó la comedia inventada por las damas. Doña Anna contó a las infantas que no era su madre, pero que las iba a querer como si lo fuera, como en efecto ocurrió.

Desconocemos si Anna se enamoró profundamente de su marido; precisamente los historiadores que afirman una aventura de Felipe con la Princesa de Éboli la sitúan en estas fechas. Si esta infidelidad fue cierta la reina no manifestó públicamente sus celos, quizá por ser una mujer de callada naturaleza. El embajador veneciano nos cuenta que el rey visitaba tres veces al día a su esposa: por la mañana, antes de oír misa, más tarde para tomar juntos un refrigerio - el rey comía solo y a la vista de la corte como indicaba la etiqueta - y por la noche. Este mismo embajador nos describe la alcoba regia: "dos camas bajas, separadas dos palmos una de otra y cubiertas por una cortina, de tal manera que parecían una sola". La austeridad y la sencillez se adueñó de la corte de Madrid hasta el punto de que el embajador francés llegó a quejarse porque la corte "parece un convento de monjas".

Si uno de los factores que determinaron la elección de doña Anna fue la elevada natalidad de su familia, ella no se quedará a la zaga. Pronto se quedó embarazada y el 4 de diciembre de 1571 nació el primer varón, bautizado con el nombre de Fernando en honor de Fernando el Católico. Se cuenta que el niño estaba dormido durante el bautizo, lo que fue interpretado como señal de mal agüero. En efecto, el príncipe Fernando falleció el 18 de octubre de 1578, a los siete años de edad.

En un viaje a El Escorial la reina sintió profundos dolores de parto para dar a luz en Galapagar de forma repentina; nacerá un niño llamado Carlos Lorenzo quien fallecerá el 9 de julio de 1575. Tres días después de la muerte del infante nace en Madrid el tercer hijo de la pareja llamado Diego Félix quien falleció a causa de viruelas el 21 de noviembre de 1582, también con siete años.

El 13 de abril de 1578 nace en el Alcázar madrileño un nuevo varón bautizado con el nombre de Felipe; será el heredero de la corona, aunque en el momento de su nacimiento había dos hermanos por delante en la línea de sucesión. El quinto y último parto de Anna de Austria tendrá lugar el 14 de febrero de 1580 viniendo al mundo una niña llamada María, quien fallecerá el 4 de agosto de 1583 con tres añitos. Tras este quinto parto, la reina sufrirá una grave anorexia que la puso a las puertas de la muerte. Fue necesaria la intervención del padre fray Alonso de Orozco, que dio a Anna una perdiz y una loncha de tocino asados mientras recitaba versos del Magnificat del que era muy devoto. La reina comió parte de las viandas que le fueron ofrecidas y se levantó con salud. Sin embargo Anna fallecería víctima de una gripe epidémica que previamente había padecido Felipe quien, posiblemente, contagió a su esposa. Anna fallecía en Badajoz el 26 de octubre de 1580. Un cronista nos cuenta que de esta epidemia "falescio mucha gente, despoblándose casas, y en este monasterio de San Lorenzo no quedó fraile que no cayese en cama". Tras practicarse la autopsia al cadáver de la reina se halló un feto muerto en su seno. Anna fue enterrada en el Panteón de los Reyes de El Escorial por haber sido madre de rey.

La personalidad de Felipe Il es difícil de evaluar ya que se presenta muy compleja, mostrándose dos periodos totalmente diferentes en su vida marcados por el año 1568, "anno horribilis" de la monarquía hispánica al iniciarse la Guerra en Flandes y fallecer el príncipe Carlos y la reina Isabel de Valois. El retrato que nos presentan en 1577 lo describe como "de estatura mediocre, pero muy bien proporcionado; sus rubios cabellos empiezan a blanquear; su rostro es bello y agradable; su humor es melancólico (...) Se ocupa de los asuntos sin descanso y en ello se toma un trabajo extremado porque quiere saberlo todo y verlo todo. Se levanta muy temprano y trabaja o escribe hasta el mediodía. Come entonces, siempre a la misma hora y casi siempre de la misma calidad y la misma cantidad de platos. Bebe en un vaso de cristal de tamaño mediocre y lo vacía dos veces y media. (...) Sufre algunas veces de debilidad de estómago, pero poco o nada de la gota. Una media hora después de la comida despacha todos los documentos en los que debe poner su firma. Hecho esto, tres o cuatro veces por semana va en carroza al campo para cazar con ballesta el ciervo o el conejo".

Una de las facetas más destacadas de esa compleja personalidad será la de mecenas. Durante el largo viaje que realizó en su juventud a los Países Bajos, Alemania e Italia pudo comprobar personalmente la implicación de las cortes de aquellos países con la cultura, contactando con los principales talentos humanistas y artistas de la época. Desde ese momento iniciará un programa cultural al que aportará importantes sumas de dinero, considerando que la monarquía debía tomar el papel de promotora de la ciencia y el conocimiento. Bien es cierto que fue un proyecto en el que apenas pudo involucrar a la élite española ya que adolecía de refinamiento cultural. No en balde, cuando Felipe regresó a Castilla en 1559, buena parte de los aristócratas y sus esposas que habían tenido la oportunidad de contemplar y vivir el refinamiento cultural de los Países Bajos sintieron una profunda desilusión como escribe un noble: "Echamos harto de menos a Flandes, y, aunque Su Magestad lo disimula, deve pasar por él lo que por todos". Esta política de impulso cultural convertirá a Felipe en el principal mecenas de Europa. A lo largo de sus viajes modelará sus aficiones estéticas aunque será la pintura una de sus actividades favoritas, intentando pintar durante algún tiempo. Su pintor favorito sería Tiziano, al que encargó numerosas pinturas tanto de carácter mitológico - las famosas Poesías cuya Danae guarda el Museo del Prado - o religioso, apreciándose un cambio de tendencias a partir de 1560 cuando la mayoría de los lienzos de temática sacra serán exhibidos públicamente. El retratista Antonis Mor, los escultores italianos Pompeio y Leone Leoni o los manieristas italianos Cambiaso, Zuccaro o Tibaldi trabajarán intensamente en los proyectos artísticos de Felipe. Otro de sus favoritos será el curioso pintor flamenco Jeronimus Bosch, más conocido como El Bosco cuya importante colección se puede apreciar en el Prado. Aunque tuvo preferencia por el arte flamenco e italiano no despreció a los artistas peninsulares apoyando a los retratistas Alonso Sánchez Coello y Juan Pantoja de la Cruz, sin olvidar el importante papel de Juan Fernández de Navarrete, El Mudo, en la actividad decorativa de El Escorial. En el momento del fallecimiento de Felipe había unas 1150 pinturas importantes en El Escorial y unas 300 en el Alcázar de Madrid. Pero el ejemplo más ilustrativo de la relación entre mecenas y artista lo encontramos en la estrecha colaboración entre Felipe y Juan de Herrera, el arquitecto que ocupó el principal papel en el programa de construcción diseñado por el monarca. El matrimonio con Isabel de Valois también contribuyó a favorecer la vida cultural en la corte gracias a su afición por la música, las escenificaciones y el arte, extendiendo su patrocinio personal sobre Sánchez Coello y la italiana Sofonisba Angusciola. El papel de las hermanas de Felipe en esta política de mecenazgo tampoco es despreciable, siendo la infanta Juana la promotora de la construcción del convento de las Descalzas Reales de Madrid donde se desarrollará una corte cultural paralela.

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