POLILOGISMOS MARXISTAS Y EXPERIMENTOS NEUROBIOLÓGICOS

Por IGNACIOAL - 6 de Enero, 2010, 20:28, Categoría: General

Polilogismos marxistas y experimentos neurobiológicos

[Escrito por: Germanico el 17 Apr 2009

Ludwig Von Mises, el tan poco conocido (fuera de los círculos liberales) como genial economista austriaco, hablaba al principio de su monumental Acción Humana de la epistemología de la ciencia económica. Consideraba de gran importancia apuntalar los cimientos lógicos de la praxeología, o ciencia de la acción humana -dentro de la cual estaría incluida, en su manifestación cataláctica (de intercambio) y mercantil, la economía- para defenderla de los ataques de los antirracionalistas y pseudomoralistas enemigos del mercado y su orden espontáneo. Los enemigos, antes las evidencias presentadas por el análisis económico, tan rigurosas en algunos casos como las presentadas por otras ciencias más exactas, como las matemáticas o la física, recurren al denominado por Mises polilogismo. Este no es otra cosa que la idea del carácter contingente del pensamiento económico. Este pensamiento sería una especie de justificación (in)moral del propio comportamiento a posteriori. En el caso del polilogismo marxista, el más exitoso a la luz de sus grandes fracasos, el homo aeconomicus sería según dictase su clase social, su posición económica entre los demás hombres. Un burgués razonaría de modo burgués, y, al hacerlo, estaría justificando sus privilegios, no dando razones válidas sobre cómo funcionan las cosas en general.

Pero, ¿es así, realmente? ¿hablan y piensan los negros como negros, los gays como gays y los cristianos como cristianos? ¿somos lo que nuestra etiqueta social dice? ¿cómo piensa un cristiano negro y gay? Menudo lío. De lo que Marx hablaba, claro está, es de la posición económica, y, al hacerlo, se ahorraba estas complejidades y decía media verdad. La otra media trataremos de contarla .

En efecto, el ser humano tiende a justificarse. Veamos la serie de experimentos realizados por Michael Gazzaniga, neurocientífico y colaborador del Premio Nobel Roger Sperry, con pacientes de cerebro escindido. A estos pacientes se les seccionó quirúrgicamente el llamado cuerpo calloso, un haz de axones que conectan (y comunican) los dos hemisferios cerebrales. El motivo no era partir su cerebro en dos, sino frenar los terribles, recurrentes e incapacitantes brotes epilépticos que padecían, al impedir que se extendiesen desde su foco originario a todo el cerebro vía cuerpo calloso. Pero una vez cortado, dicho haz no se recupera, y, hecho el mal por el bien del paciente, y con el consentimiento del mismo, se podían realizar algunos experimentos científicos interesantes. Gazzaniga escogió con mucho acierto dichos experimentos.

Lo que descubrió es que el hemisferio izquierdo y derecho, habiendo perdido su comunicación, iban por libre, y, al hacerlo, mostraba cada uno las características que le eran peculiares. La persona que había sufrido esta operación no notaba, en su quehacer cotidiano, el corte existente entre sus dos hemisferios, porque la realimentación constante desde los sentidos permitía cierta unificación de consciencia, pensamiento y acción. Pero si se lograba separar experimentalmente lo percibido por un hemisferio de lo percibido por otro se podían observar las respuestas que cada uno de ellos daba a la información recibida y a la desconocida (recibida por el otro hemisferio). Y dado que el lenguaje está lateralizado en el cerebro izquierdo (para la mayoría de nosotros), desde donde emanaban las respuestas verbales justificativas de las acciones era del hemisferio izquierdo.

Joseph Ledoux, que colaboró con Gazzaniga en los experimentos, lo explica bastante bien en su libro “El Cerebro Emocional”, en este fragmento que hemos tomado prestado de otra web:

Michael Gazzaniga y yo estábamos realizando estudios sobre pacientes con el cerebro dividido, que nos condujeron a una conclusión similar a la de otros investigadores. Se sabía que la información presentada únicamente en un hemisferio de un paciente con el cerebro dividido resulta inaccesible para el otro. Tomamos esta idea como modelo del modo en que procede la consciencia con la información generada por un esquema mental inconsciente. En otras palabras, dimos instrucciones al hemisferio derecho para que produjera determinada respuesta. El hemisferio izquierdo observó la respuesta, pero no sabía por qué ocurría. Después preguntamos al paciente por qué había reaccionado del modo en que lo había hecho. Como sólo el hemisferio izquierdo podía hablar, la respuesta verbal reflejaba la comprensión que este hemisferio tenía de la situación. Una vez tras otra, el hemisferio izquierdo daba explicaciones como si supiera por qué ocurría la respuesta. Por ejemplo, si dábamos instrucciones al hemisferio derecho para que agitara la mano, el paciente lo hacía. Cuando preguntábamos al paciente por qué agitaba la mano, decía que creía haber visto a alguien conocido. Cuando dimos instrucciones al hemisferio derecho para que riera, el paciente nos dijo que éramos tipos divertidos. Las explicaciones verbales estaban basadas en la respuesta producida, más que en el conocimiento de por qué se producían las respuestas. Al igual que en otros experimentos, el paciente atribuía explicaciones a situaciones como si hubiera percibido introspectivamente la causa de la respuesta, cuando en realidad no era así. Llegamos a la conclusión de que las personas suelen hacer muchas cosas por razones de las que no son conscientes (porque la conducta se produce mediante mecanismos cerebrales que funcionan inconscientemente), y que una de las principales tareas de la consciencia es hacer que la vida del individuo sea coherente, creando un concepto del yo. Para lograr esto genera explicaciones sobre la conducta, partiendo de la imagen que tiene del yo, los recuerdos del pasado, las expectativas para el futuro, la situación social del momento y el entorno físico en que se produce la respuesta’.

De aquí se pueden extraer algunas conclusiones. Nuestro cerebro evolucionado a lo largo de millones de años tiene un diseño notablemente adaptativo. Para lidiar con las circunstancias complejas, cambiantes, azarosas y peligrosas de la naturaleza desarrollamos un sistema de captación de patrones, de regularidades, de sentidos, un sistema del que formaba parte ineludible nuestra capacidad simbólica, traducida fundamentalmente en capacidad para el lenguaje. Y es que un símbolo es un conjunto con el que se puede trabajar, con el que se pueden desarrollar operaciones mentales. Gazzaniga llama a este sistema El intérprete. El intérprete, de esta forma personalizado, reside en el hemisferio izquierdo, o en el lugar del cerebro en el cual resida el lenguaje, explica lo que a uno le pasa a partir de los datos proporcionados por los sentidos y por los sistemas y subsistemas neuronales que subyacen a la consciencia. Si le falta información la complementa para lograr un cuadro coherente, igual que lo hace el sistema visual que, pese a tener un punto ciego, da una imagen completa del entorno.

Generalmente ,no erramos al unificar toda la información y hacer con ella un cuadro pero, al igual que se dan ilusiones visuales, se dan también ilusiones en nuestra “visión” mental de cómo son las cosas y cómo funcionan. Y así nos engañamos, pero la mayoría de las veces son mentirijillas piadosas e inocuas.

Curiosamente una de las mentiras más peligrosas es la polilogistica marxista. Esta se debe sin duda a un error de procesamiento y a una carencia de información al crear el cuadro de la realidad social humana en la mente.

Pero ¿es este engaño, este autoengaño del que hablamos algo que haya surgido para justificar una posición dentro de la sociedad, o se trata más bien de algo que hunde sus raíces en nuestro pasado evolutivo y está diseñado para justificar cosas más profundas, biológica y socialmente?

La media verdad del polilogismo Marxista es que nos justificamos, y la otra media verdad que la complementa es que lo hacemos de acuerdo con las demandas íntimas de nuestra naturaleza evolucionada, a través de mecanismos y sistemas de procesamiento neurales de nuestro cerebro. Es la premura de la necesidad la que nos incita a escribir nuestra historia personal, lo que ahora somos y nuestros proyectos de futuro de forma imaginativa. Como animales en un entorno ecológico y partícipes en otro social (y económico) la unidad de pensamiento, el ser agentes y pacientes conscientes, que además se comunican entre sí, constituye una adaptación, y es la fuente de la que mana la sapiencia que nos hace sapiens.

No justificamos nuestra posición social, aunque en ocasiones podamos hacerlo. Lo que hacemos es justificarnos permanentemente a nosotros mismos y perseverar en el ser y en el yo, como dijera Spinoza. La distinción es importante, porque hace que pasemos de considerarnos como un miembro de un colectivo más o menos ficticio a considerarnos individuos libres y responsables que buscan su interés en un entorno natural y social complejo y competitivo.

http://www.desdeelexilio.com/2009/04/17/polilogismos-marxistas-y-experimentos-neurobiologicos/

 

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