AUTOPSIA AL HOMBRE DE LA SÍNDONE .

Por IGNACIOAL - 6 de Septiembre, 2009, 10:38, Categoría: C I E N C I A .


AUTOPSIA AL HOMBRE DE LA SÍNDONE .

Examen forense al "cuerpo" de Jesús ...



El doctor José Antonio Lorente Acosta es especialista en Medicina Legal y Forense y profesor titular de Medicina Legal de la Universidad de Granada. En la actualidad es :


Director - GENYO

Centro Pfizer - Universidad de Granada - Junta de Andalucía de Genómica e Investigación Oncológica

Pfizer - Universidad de Granada - Junta de Andalucia Centre for Genomics and Oncological Research

Director - Lab of Genetic Identification - University of Granada



El forense José Antonio Lorente ha analizado para el Magazine de El Mundo, a raíz de la polémica desatada por la película de Mel Gibson La Pasión de Cristo las agresiones recibidas durante las últimas ocho horas de la vida de Cristo muestra que le causaron un sufrimiento indescriptible y que tenían un propósito criminal.

Con el respeto y admiración que siempre me ha causado la figura de Jesús, especialmente marcada por mi condición de católico creyente, analizo desde una perspectiva estrictamente profesional y en base a datos objetivos, cuál podría haber sido, a la luz de los conocimientos de hoy, el resultado de la autopsia médico-forense de una persona que hubiese muerto tras sufrir las lesiones infligidas a Jesús. Todos los datos en los que me baso han sido obtenidos (por José Manuel Vidal, corresponsal religioso de El Mundo) de las Sagradas Escrituras, por lo que nada se deja a la improvisación ni a la imaginación de los autores.

La autopsia forense va encaminada a determinar la causa de la muerte y las circunstancias de la misma, cuestiones a veces muy complejas de establecer, como veremos a continuación tras una breve introducción genérica a la autopsia médico-legal.

La causa de la muerte, en el contexto médico-legal, es de dos tipos, ambos estrechamente relacionados entre sí: la causa inmediata y la causa fundamental. La vida tiene un trípode vital (ya descrito por Bichat) que hace que la misma exista por el funcionamiento coordinado de las funciones cardiaca, respiratoria y nerviosa; el motivo por el cual cesa al menos una de estas tres funciones y acaba la vida es la causa inmediata de la muerte. Esta causa inmediata está a su vez basada en una serie de alteraciones generales más graves y genéricas, que es la causa fundamental. Así, por ejemplo, una persona que fallece por un infarto de miocardio tiene como causa inmediata la isquemia cardiaca con necrosis miocárdica, y como causa fundamental, por ejemplo, una grave ateroesclerosis con reducción drástica de la luz o diámetro de una serie de arterias coronarias. Estas causas se recogen siempre en los certificados médicos de defunción y en las declaraciones o informes de autopsia.

Las circunstancias de la muerte tratan de explicar básicamente si la misma ha sido criminal (homicida), accidental o suicida, ya que este tipo de conclusiones son básicas para la investigación judicial. Para ello, el médico forense estudia minuciosamente el cadáver, primero la parte exterior (examen externo), y posteriormente las cavidades y órganos internos ubicados en el cráneo, en el tórax y en el abdomen.

Se usan cuantas técnicas complementarias o auxiliares sean necesarias (histopatológicas, toxicológicas, genéticas, etcétera), ya que de estos datos no sólo se puede deducir si la muerte es homicida o accidental, sino que a veces se consiguen datos sobre los autores del crimen o de ciertas lesiones (por ejemplo, recuperando semen del cuerpo de una víctima que puede servir para identificar al autor) y en otras ocasiones sirve hasta para identificar a un cadáver previamente no identificado (por ejemplo, observando cicatrices o tatuajes).

He aquí, pues, la declaración de autopsia que podemos deducir con rigor de las descripciones encontradas en las Sagradas Escrituras, con mínimas licencias formales de estilo, nunca de contenido.

La autopsia. Sobre la mesa de autopsia se encuentra el cadáver de un varón, de aproximadamente 30 a 35 años de edad, identificado por un nutrido grupo de seguidores como Jesús de Nazaret, del que aseguran que tiene 33 años, hijo de José y de María, crucificado tras ser condenado.

En el examen externo se aprecia un buen estado físico, pese a las lesiones que ha sufrido. En la cabeza destacan múltiples pequeñas heridas punzantes (pinchazos), incisas (cortes) e inciso-contusas (cortes unidos a golpes o cortes producidos por instrumentos no cortantes), de disposición en forma de coronal o de circunferencia, que abarca la parte superior de la frente y se continúa hacia atrás por ambos lados de la cabeza, afectando a los huesos parietales, temporal y al occipital.

Las heridas son profundas, afectando a toda la galea capitis (cuero cabelludo) y llegando hasta la tabla externa de los huesos mencionados. Los pabellones auriculares se hallan igualmente perforados por la acción de instrumentos punzantes (pinchos). A consecuencia de las profusas hemorragias provocadas por las múltiples heridas, es de mencionar que casi todo el cabello se encuentra, en toda su longitud, empapado en sangre húmeda o con costras originadas al secarse. Todas las lesiones sufridas son compatibles con las que produciría una corona de espinas como la que se describe que llevó el finado.

En el tronco, tanto en su parte anterior (pecho) como en la posterior (espalda) se aprecian múltiples lesiones, donde predominan las contusiones en forma de equimosis, equimomas y hematomas (cardenales), algunas de ellas de carácter longitudinal en forma figurada que reproducen los objetos que las produjeron, muy probablemente por una o varios flagrum (especie de látigo de correas o tiras). Por la violencia de los golpes y/o por la reiteración de los mismos en ciertas zonas, se han producido soluciones de continuidad, apareciendo heridas contusas longitudinales, erosiones (arañazos superficiales) y excoriaciones (arañazos profundos, donde aparece sangre).

En algunos puntos del cuerpo las heridas contusas son especialmente profundas, produciendo un gran desgarramiento muscular y también hemorragias profusas. Todas estas lesiones predominan sobre todo en la parte posterior del tronco. Finalmente, en la zona costal derecha, anterolateralmente, destaca una herida incisa profunda, con evidentes signos de haber producido una abundante hemorragia.

En ambas extremidades superiores, casi a la altura de las manos, en la zona carpiana, se aprecia una herida punzante transfixiante (que atraviesa), con bordes contusos y signos de desgarramiento por haber soportado gran peso, probablemente el del cuerpo. En las manos, en la palma y en la eminencia tenar, se aprecian erosiones y excoriaciones, compatibles con las producidas al apoyarse en el suelo tras una caída. En las extremidades inferiores se aprecia, en ambos pies, una herida punzante transfixiante de bordes contusos. Las rodillas aparecen con erosiones y excoriaciones, probablemente por haberse caído y golpeado sobre las mismas.

En el examen interno (podemos deducir) se apreciarían signos propios de una hipoxia-anoxia, hemorragia masiva, shock hipovolémico, con palidez de mucosas y de órganos internos como los pulmones, el hígado y los riñones. Además se encuentra una cantidad muy limitada de sangre en cavidades cardiacas y en los grandes vasos arteriovenosos. Existirían signos de asfixia en cerebro y pulmones, todo ello compatible con una agonía prolongada.

Es necesario ahora realizar una serie de razonamientos (llamados consideraciones médico-legales) antes de concluir con las circunstancias de la muerte.

Comenzamos constatando que no se han descrito lesiones mortales, o sea, aquéllas que por afectar a un órgano o función vital, son causa inmediata y fundamental de muerte. Todo ello nos lleva a considerar la muerte de Jesús de Nazaret como el resultado de un largo proceso agónico.

Desde las nueve de la noche del jueves 12 (al acabar la Última Cena y ser detenido) hasta las tres de la tarde del viernes 13 en que murió, transcurren un total de 18 horas. Desde el momento de su detención, parece que no ingirió ningún tipo de alimento o líquido. Los castigos (excepto el bastonazo propiciado por un criado de Caifás poco después de su detención) comenzaron sobre las siete de la mañana del viernes, por lo que hasta el momento de la muerte transcurren unas ocho horas. Las otras lesiones proceden de la flagelación, y son múltiples latigazos en el pecho y la espalda. Estas lesiones provocan hemorragias que en principio no tienen por qué ser muy profusas al no ser profundas y por tanto no afectar a grandes arterias y venas.

Sin embargo, al ser una extensión muy amplia del cuerpo (pecho y espalda) la pérdida sanguínea se va acumulando y puede ser significativa, pudiendo producir (a lo largo de las más de ocho horas de castigo) la pérdida de uno o dos litros de sangre y plasma (sinceramente no creemos que se pudiese perder más, ya que esas lesiones en vasos de diámetro pequeño y mediano tienden a cerrarse per se).

Una hemorragia produce una pérdida del volumen de sangre (que se denomina volemia), por lo que la pérdida de sangre se llama hipovolemia. Una gran hipovolemia origina una crisis o shock en el funcionamiento del organismo, que en este caso se llama shock hipovolémico.

Paralelamente, habida cuenta la gran cantidad de golpes que impactan en los mismos lugares, se producen una serie de graves lesiones similares a las de un aplastamiento o machacamiento, lo que se conoce en medicina como síndrome de aplastamiento (crush syndrome) y que implica la liberación de sustancias al interior de la sangre, entre ellas mioglobina procedente de los músculos, que provoca alteraciones en los procesos renales de filtración.

Tan masiva cantidad de golpes en el tórax es también causa de un gran dolor, enorme e incalificable sufrimiento. Entre los mecanismos de defensa que de modo automático o inconsciente utiliza el organismo está el de reducir la movilidad al mínimo (cuando, por ejemplo, una persona se hace daño en un dedo, lo primero que hace inmediatamente después es cogerlo con la otra mano y no moverlo); la reducción de la movilidad en el tórax se traduce en respiraciones superficiales que originan una hipoxia (falta de oxigenación de la sangre por no respirar adecuadamente), que se asocia a una hipercapnia (exceso de dióxido de carbono por el mismo motivo) y a una serie de alteraciones del equilibrio ácido-base.

A esto hay que unir que, por la postura existente en la cruz, donde el cuerpo cuelga literalmente de las extremidades superiores a través de una tensión que se transmite al tórax y a sus músculos, que ven dificultada sus funciones, entre ellas la de facilitar los movimientos respiratorios.

Las graves lesiones traumáticas en el tórax bien pudieron producir una irritación de las membranas que rodean los pulmones (pleuras), ocasionando una pleuritis con una acumulación de líquido llamado exudado en el espacio interpleural. Esto puede explicar perfectamente por qué salió "sangre y agua" al pinchar en el lado derecho de su costado: sangre de las lesiones propias de las arterias y venas de la zona, y "agua" que sería el exudado acumulado entre las pleuras (interpleural).

Las lesiones producidas por los clavos en ambas manos (zona carpiana) y en los pies no deben estar en principio relacionadas con la causa de la muerte, ya que no afectan órganos vitales y una posible infección grave no se desarrolla en tan corto plazo de tiempo. La única posible influencia –no descrita en las Sagradas Escrituras– es la producción de una gran hemorragia porque se hubiesen afectado arterias o venas de gran calibre, lo cual hubiese redundado en el posible shock hipovolémico mencionado.

Las lesiones producidas por la corona de espinas en la cabeza no están probablemente relacionadas con la causa de la muerte (no afectan órganos vitales al no penetrar en el cerebro ni producen gran hemorragia).

Una nota final para destacar que la posición en la cruz (ortostática, de pie) hace difícil la llegada de oxígeno al cerebro, ya que la sangre tiende a acumularse en las partes inferiores del organismo (por efecto de la gravedad), sobre todo cuando el corazón funciona débilmente, por lo que la oxigenación del órgano que más lo necesita (el cerebro o sistema nervioso central) es deficiente.

Conociendo la lenta agonía y el mantenimiento de la conciencia casi hasta el último instante, en base a todas las consideraciones anteriormente expuestas, obtenemos las siguientes conclusiones médico-legales como las más probables:

Causa inmediata de la muerte: hipoxia-anoxia (hipoxia es disminución de la concentración de oxígeno en la sangre, y anoxia es la ausencia total de oxígeno en la misma) cerebral consecuencia de hipovolemia (disminución del volumen de sangre) post-hemorrágica, de insuficiencia respiratoria mecánica (incapacidad para respirar adecuadamente por falta de movilidad) por graves lesiones en músculos intercostales, y de insuficiencia cardiaca.

Causa fundamental de la muerte: múltiples heridas inciso-contusas, equimosis, erosiones, excoriaciones y hematomas en la parte anterior y posterior del tronco.

Origen de la muerte: criminal.


ARTÍCULO TOMADO DE :

http://www.aciprensa.com/Semanasanta/forense.htm


 

La autopsia

Muchos son los médicos forenses y especialistas que han utilizado la imagen de la Sábana para determinar las características del cuerpo y la clase de tortura y muerte a la que éste fue sometido. Tras la observación detenida de la imagen y el análisis de los coágulos de sangre se ha llegado a las siguientes conclusiones:

El cuerpo es el de un varón adulto, desnudo y que medía entre 175-180 cms y pesaba entre 75 y 80 kilos. El cuerpo es anatómicamente normal en sus proporciones y aparece en estado de rigor mortis según se desprende de la posición de los pies y las rodillas. La planta del pie derecho se aprecia muy bien en la tela. La pierna izquierda parece haberse rotado y flexionado como si se hubiera acomodado la planta del pie izquierdo sobre el empeine del derecho. La muerte se produjo en esta posición y así quedó el cuerpo hasta que se produjo el rigor mortis. El hombre de la Sábana tenía el pelo largo y recogido en una especie de cola (actualmente se duda de esta observación). En la zona de la cabeza se observan alrededor de 30-50 heridas producidas por objetos punzantes. La heridas más importantes en esa zona se corresponden con la posición de venas y arterias reales. Estas heridas sangraron estando el cuerpo posición vertical. 

Inicio

Posición del cuerpo según un dibujo de Isabel Piczek

Detalle de las piernas y planta del pie derecho
Detalle de la parte posterior de la cabeza y rostro donde se observan las heridas producidas por objetos punzantes.
 
En la cara, el cartílago de la nariz aparece roto y desviado a la derecha. La punta de la nariz muestra excoriaciones debidas a un gran golpe. Bajo la región malar derecha aparece una gran contusión. En el resto de la cara, especialmente en la mejilla derecha y región frontal se observan diversas excoriaciones. Sobre las arcadas supra orbitarias existen llagas contusas iguales a las producidas por puñetazos o palos. El arco ciliar derecho aparece hinchado. Algunos de estos detalles los podrá observar en la imagen que le ofrecemos en el apartado EL ROSTRO.
Sobre casi todo el cuerpo se descubren heridas que por su número (entre 120-160, aunque en una observación más detallada se podría contar alrededor de 200) y disposición podrían haberse infligido mediante el uso de un látigo y desde direcciones opuestas. Las marcas coinciden exactamente en su tamaño y forma con las que produciría el Flagrum taxillatum, un instrumento de tortura romano que no se usaba en la Edad Media y que sólo en nuestros días se ha sabido que existió.
Detalle de las marcas de los azotes en la espalda y dibujo del Flagrum taxillatum. Las marcas se corresponden en tamaño y forma con las que infligiría este intrumento de tortura. Pinchar en la imagen para visualizar las heridas de la flagelación en todo el cuerpo.

En la zona de los hombros existen excoriaciones producidas por el roze continuado con una superficie rugosa. Este detalle hace posible la hipótesis de que el hombre cargara con un objeto pesado sobre sus hombros.

En la muñeca izquierda se observa una herida originada por objeto punzante y dos regueros de sangre que se extienden por ambos brazos. Aunque se ha sugerido que esta sangre proviene de la postura de lo sbrazos durante la crucifixión, una explicación más creíble es la de un flujo postmortem una vez que el cuerpo se encontrara tendido y la sangre se deslizara desde las heridas de las manos por efecto de la gravedad.

Detalle de la herida en mano izquierda y flujo de sangre en los brazos
El pie derecho estuvo en contacto con la Sábana por lo que se observa una gran mancha de sangre que fluyó de una herida originada por objeto punzante. El pie izquierdo no se distingue con tanta claridad y, como se ha explicado antes, podría haber estado apoyado sobre el derecho.
Detalle del pie derecho
En el costado derecho se observa una herida profunda de la que manó, según se desprende del análisis de la mancha, abundante sangre y suero. Tiene forma elíptica y, casualmente, las mismas dimensiones (4,4x1,4 cms) que un tipo de lanza romana. Esta herida tiene todas las características de herida postmortem. La sangre y el suero se derramaron inicialmente cuando el cuepo se encontraba en posición vertical y se extendieron hacia la parte dorsal del cuerpo al posicionarse éste en horizontal.
Detalle donde se observa la herida en el costado (pinchar para ampliar) y la sangre que resbaló hacia la parte dorsal del cuerpo cuando éste se colocó en posición horizontal.

En la Sábana se pueden observar muchos más detalles (explicados en la versión en inglés de esta página, aquí) como el abdomen hinchado -síntoma de muerte por asfixia- el halo de suero sanguíneo alrededor de las manchas de sangre, altos niveles de bilirrubina en sangre, circunstancia que se da en el caso de un cuerpo torturado, etc...

Si se tienen en cuenta todos estos datos se llega a la conclusión de que ...

La Sábana de Turín envolvió a UN HOMBRE REAL que fue torturado y que murió tras ser crucificado.

No queda otra opción.

A esa misma conclusión llegaron, entre otros, hombres como Pierre Barbet (cirujano del Hospital de París), Giovanni Judica Cordiglia (profesor de Medicina Legal de la Universidad de Milán), Robert Bucklin (médico forense, patólogo del Hospital de los Angeles, California), Rudolf W. Hynek (Academia de Medicina de Praga) y Pier Luigi Baima Bollone (catedrático de Medicina Legal de la Universidad de Turín).

Ningún artista pudo haber reproducido todos estos detalles y mucho menos en la Edad Media, cuando se desconocía, por poner sólo unos pocos ejemplos, la circulación de la sangre, la existencia de sangre arterial y sangre venosa, o la acumulación de bilirrubina en cuerpos torturados.

Por otro lado, es bastante improbable que se reprodujera una imagen de Cristo desnudo (sólo hay que observar algunas de las copias de la Sábana Santa realizadas a lo largo de los siglos y en las que se representa a Cristo con el paño de la decencia) y atravesado con clavos por las muñecas en vez de por las palmas de las manos: una imagen totalmente distinta a como tradicionalmente y hasta nuestros días se ha representado a Cristo crucificado.



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